Tu ojo, su lombriz

Tu ojo es su lombriz;
¿a qué esperas ahí quieto? 
Inmerso en el negro espejo, 
no es mar sino ciénaga
lo que palpan tus dedos. 

Tu ojo es su lombriz; 
¿a qué esperas ahí quieta? 

¿Masculino o femenino?
¿Trabajo o día de fiesta?
“No sabe, no contesta”. 
¿Positivo, negativo?
¿Blanco o negro? 
Hace tiempo 
que sabemos la respuesta. 

Pulsa el icono, clica esta ventana… 
no olvides las contraseñas, 
acepta cookies,
borra tu historial reciente, 
sáltate la letra pequeña 
y demuestra que no eres un robot,
es la condición primera. 

Tu ojo es su lombriz; 
¿a qué esperas ahí quieto? 

Tu mano en el ratón, 
su anzuelo en tu pupila.  

Y ahora se van de pesca
y pícnic campestre 
silbando alegremente.  

Tu ojo es su lombriz… 

Nido sin culpa

Como una gallina clueca, 
has incubado tu propia culpa: 
tu conciencia es tu veneno 
y tu combustible. 

Vas cuesta abajo 
persiguiendo a tu propia culpa: 
“¡Culpa que rueda no cría musgo!”, dicen. 

La culpa invita al baile culposo, 
y solamente se parece a sí misma. 

¿Qué fue primero, la gallina o la culpa? 

¿Y si no hubiese tal? 
¿Y si la vida no fuese más que un nido? 
¿Y si todo rodase por su cuenta y riesgo? 
No me vengáis con más culpas, 
no las compartáis conmigo… 

La culpa son ángeles anclados
y deseos amordazados… 

¡Dichosa culpa, me apiado de ti!

La culpa es una rueda 
cayendo por el precipicio: 
“Debo enterrarte bajo un árbol: 
¡No regreses, no vuelvas a casa!”

El hombre sin culpa aligera el paso. 
La mujer sin culpa levita y duerme al raso. 

La culpa se rompe y de la culpa brota alguna cosa, 
¿qué fue primero, la espina o la rosa? 

La culpa se parece a una matrioska: 
la grande cobija muchas más pequeñas. 

Pero se acabó. Basta. 

No seguiré incubando mi propia culpa. 


La estancia de los dementes

La estancia de los dementes 
es en la que mejor se está: 
tiene calefacción central. 

La estancia de los dementes, 
donde mirlos blancos conversan
con pajaritos y pajarracos. 

La estancia de los dementes
alberga a gente voluntariosa y sin suerte 
intentando demostrar quién es el más demente. 

Así es la estancia de los dementes. 

Es lo que tiene esta sala de estar: 
a falta de ajedrez, parchís y damas.  
Es una estancia llena de ventajas: 
nunca te faltará compañía. 

¡Cuántos regalos y juguetes!
Para empezar, una camisa 
con la manga cosida al regazo. 

Aquí están prohibidos los cinturones. 
“¡Córtenle las alas a ese suicida, por favor!”

Jadeos entrecortados, 
hilos de saliva en la barbilla…  
Carcajadas por doquier, sin que las razones 
de las risas estén muy claras. 

“Esta es la dirección correcta, 
aquí no les faltará de nada… 
¡Bienvenidos, bienvenidas, 
pónganse en la cola, pronto 
les atenderemos
en la estancia de los dementes!”. 

Jadeos entrecortados, 
hilos de saliva en la barbilla…  
Carcajadas por doquier, sin que las razones 
de las risas estén muy claras.


Idiota busca espejo

Muy de mañana el idiota
busca ya un espejo. 
No le falta donde elegir. 

El reflejo se reconoce, 
alborozado, en otro reflejo: 
“¡Somos tal para cual!”

Triste es el destino 
cuando nos iguala por lo bajo. 
¿No será mejor 
revolcarse en el arroyo
entre espejos rotos? 

“Espejo, espejito,
¿quién es el mejor atleta
del reino?” 
Me señala a mí, 
y soy un tullido mental. 

Iguales e igual de planos
somos los espejos de dos patas; 
una pobre simetría
nos iguala. 

Los espejos brillan, 
pero ¿qué reflejan en realidad 
cuando están frente a frente? 

Los espejos brillan, 
pero ¿se parecen a mí 
dos espejos frente a frente? 

Espejos que atraen y arrastran, 
los espejos de los idiotas: 
si te pillan en medio
te succionan. 

“Espejo, espejito,
¿quién es el mejor atleta 
del reino?” 
Me señala a mí, 
y soy un tullido mental.



Canción de cuna para adultos (II)

Presuntamente glamurosa, 
—vomitiva, en realidad—,
hipnosis multipantallas, 
amnesia vital. 

Pero no te preocupes, 
dame la manita y te enseñaré cómo
estar en manos del control remoto. 

El joystick es un dildo 
—y viceversa—; 
eres carne de píxel   
caminando en línea recta, 
sin riesgo de desvío, 
buey acartolado: 
tus pupilas enfermas 
lloran sangre. 

¡Qué gran invento, 
esto de acunar a los adultos
hasta la saciedad!
El conflicto ha pasado a ser 
un asunto trasnochado, vintage

El rumor más burdo
tiene rango de titular
y los cotilleos del corazón
me ponen del hígado. 
El vuelo de una mosca
me distrae totalmente: 
son modas, famoseo, 
espantapájaros y maestros 
de ceremonia freaks. 

El tonto de Satán 
busca su traje de satén… 
“¿Quién le dio el beso primero? 
¿Lolita al catedrático, o fue al revés?”
Has de saberlo cuanto antes 
para entrar a la estancia de los dementes. 

¡Qué gran invento, 
esto de acunar a los adultos
hasta la saciedad!
El conflicto ha pasado a ser 
Un asunto trasnochado, vintage

Te cantaré una nana
mientras lames los barrotes: 
así nos consumiremos 
en la linda cuna
entre psicóticos brotes. 


Eso dicen

El drama del futuro es tener que mirarlo desde hoy en día, 
sabiendo que mañana estaremos a dos metros bajo tierra. 
El mañana no se da maña y es masculino ÉL… 
Mejor habladme de LA mañana, y no al revés. 

Dicen que mañana estaremos mejor. 
¡Que el Señor de la Calderilla nos ampare!
Sangre, sudor y lágrimas de hoy 
mañana serán de ayer…

…según dicen. 

A mí me da que no… 

Si no es mañana, quizá pasado  
o al día siguiente… nos aflojarán 
la tuerca que hoy nos han apretado. 
Dicen que no está de más coleccionar sombras, 
también que cosechas lo que siembras. 
Dicen que el hambre de hoy es la abundancia del mañana, 
nadie predijo nunca una hambruna para el día siguiente. 

Dicen que mañana estaremos mejor. 
Ríos de leche y aguamiel…

…según dicen
A mí me da que no... 

Felicidad a espuertas y soles a pares;
la humillación, a mitad de precio. 
Si no es mañana, quizá pasado
o al día siguiente; puede que hagan falta
un par de días más… 
Pero pronto nos aflojarán la tuerca que hoy nos han apretado. 

Dicen que mañana estaremos mejor. 
¡Que el Señor de la Calderilla nos ampare!
Sangre, sudor y lágrimas de hoy 
mañana serán de ayer…

…según dicen.

¡A mí me da que no!

Pende un arrepentimiento de cada anzuelo. 

Mañana sabremos la verdad.

¿Te resistes?

¿Aún te resistes? 
Solo una vez, poco a poco, 
paso a paso, gota a gota, 
así apenas se nota… 
Sujeto a los tirantes o al taca-taca, 
como los niños que aprenden 
a caminar: 
entre el negro y el blanco 
siempre hay en la paleta 
un cardenal. 

No te resistas. 
Iremos paulatinamente. 
No romperemos nada. 
Quedarán restos. 
Un ladrón que no roba. 
El verdugo delicado 
que golpea y no deja marca. 

Es inútil. 
No te resistas. 
Solo una cucharada, 
así no vomitarás. 
Es paulatino el desgaste. 
Bébetelo en pequeñas dosis. 
Así, muy bien. 
Agáchate bajo la mesa 
y recoge las migajas: 
¿pueden desmigarse aún más? 

Nos haremos fuertes en esa
unidad mínima vital: 
la última miga de pan. 


Preocupate y paga

Preocupación innombrada,
no eres real: 
prohibido pronunciar 
los verdaderos problemas. 
Mejor llenar el barrio de otros nuevos
con vistosos nombres. 

Si el problema es el hijo, 
yo soy su padre:  
una nimiedad incómoda
ocupa tu tiempo ahora. 

Traigo un problema 
para cada solución, 
y si te parece poco
un golpecito en el hombro. 

Si de veras crees que no tienes problemas, 
es que aún no me has conocido. 

Traigo unos nuevos para que puedas olvidar los tuyos: 
problemas frescos para tiempos revueltos… 

Seré las dos cosas: la parte y el todo,
primero el veneno y luego el antídoto. 

Yo seré tu problema y también tu solución: 
¿Cuánto pagarías a cambio de tu ración?


Canción de cuna para adultos (I)

En el espejo de Narciso
golosinas de colores 
sobre un fondo negro.  
Lo llaman main stream
y te ahogará con gusto. 

“Duérmete niño, duérmete ya, 
40 años recién cumplidos
y nadie sabe cómo ha sido…
Nada has de temer: 
tienes la pensión asegurada. 
Aférrate a ese sueldo fijo…”

Este fósforo ya olvidó 
cómo se dice fuego. 
“Tu padre te dará cobijo, 
no tengas miedo…”

Este fósforo ya olvidó 
cómo se dice fuego… 

“Pequeñín, ven a mis brazos,
entretengámonos:
pronto cumplirás 50, 
tratemos de entendernos… 
No olvides tarjetas, teléfonos, 
permisos y salvoconductos 
y cantemos todos a una: 
qué rico que se está en la cuna…” 

“La vida te reserva una guardería 
en cada esquina, pequeñina; 
ven a mis brazos alma mía,
¡verás cómo sigues haciéndote 
más pequeñita todavía!”

Has de ser liviano, 
pues el alma es ligera, 
pero sé ligero como el pájaro, 
no como la pluma. 

Alguien se lo ha de decir, 
—díselo tú mismo—
lo de ese fósforo ya roza 
el autismo: 
“¿Cuándo olvidaste tú cómo se dice fuego?” 

Has de ser liviana, 
pues el alma es ligera, 
pero sé ligera como un pájaro 
que elige su norte 
y su vuelo es su bandera. 


La caballería emocional

Si la calle es el hipódromo más silencioso, 
¿a quién pertenece esta brida sin jinete? 
¿A quién hemos de enfrentarnos y a qué 
lucha deberíamos renunciar? 

¡No mires atrás y salta la valla!

Un latigazo nunca viene mal: 
el ser humano 
es un caballo emocional. 

A falta de yeguas, ¿quizá una caravana? 
¿A quién diablos llevamos en esta diligencia? 
Me clavaron las herraduras y con ellas mi destino. 

Un latigazo nunca viene mal: 
el ser humano 
es un caballo emocional. 

Al acabar el día, como en trance, 
te atarán —prometiéndote el paraíso—
al jardín de las dulces torturas: 
de caballo conservas el nombre,
pero trabajas como una mula.

Un latigazo nunca viene mal: 
el ser humano 
es un caballo emocional. 

Ahora recoge tu premio: 
un palmo de pienso 
(luego existo…) 

Un latigazo nunca viene mal: 
el ser humano 
es un caballo emocional. 

Tu furia se deshizo 
en un bocado de azúcar. 

Un latigazo nunca viene mal: 
el ser humano 
es un caballo emocional. 

Manipulazio estrategiak (*Zart, 2020)

Sekula ez erortzea

Sekula ez erortzea, kontu zaila da hori; 
behin bakarrik erortzea, ezinezko mirari.

Bidegurutze horretan, okerreko bidea 
hura dela jakin arren, zaila da ez hartzea.
behin sartutako lekuan, pausoa beti ustel. 

Zain daude hutsune horiek, zure zangoen gose, 
imanak metalari lez, beti deitzen zaituzte.

“Ez naiz berriz eroriko”, erraten du xaloak; 
xalo-xalo erortzen da: gero hartzen du loak.

Irristatzeko aukeran, hitz bat bada sobera,   
hasperen desegoki bat, isiltasuna bera.

“Erne nago eta adi, isilik eta geldi”,   
ohartzerako berriro, goitik behera erori.

Erortzen denak nahi luke, han behean sarea, 
horren ordez izaten du, gehienetan sardea. 

Ekibokatu zaleak, berriz nahiko du jausi,   
erortzea bizilege dela baitu ikasi.    

Amildegiaren ertzak badu erakarmena,   
ertzean ibili denak, ertzean nahi du dena.

Sekula ez erortzea, kontu zaila da hori;   
behin bakarrik erortzea, ezinezko mirari.

"Hotzikarak" (Elkar, 2016;
Escucha la canción aquí

El blues de Mr. Suerte


Hubo una vez un músico
llamado Suerte,
–su nombre era el caudal,
su nombre era la fuente–.
Como lo tuve delante
frente a frente,
lo contaré aquí
ante toda mi gente.


Su mujer cantaba
en un coro de monjas.
¿Quién la dejaba embarazada?
No faltaban apuestas:
el Espíritu Santo
con las botas puestas;
y lloraban en sus cunas
seis niñas sus gestas.


Músico honesto,
amante dispuesto,
ávido jugador de cartas,
siempre en su puesto.  
Cultivó amores,
se da por supuesto:
el solaz de la carne
nunca le fue impuesto.

Conciertos dio mil,
cobrando poco o nada:
sus bolsillos estaban
llenos de telarañas;
muchas más monedas
sin duda hallarán
en una barraca de ferias
en boca de las ranas.

Su feudo era el bar
–su natural arena–,
no conocía el escenario
ni la gloria eterna.
Entre humo y pesares
su voz se entrena…
Más disfrutaría un cuervo
enjaulado en la trena.

La euforia del alcohol,
¿quién no la conoce?
También hubo momentos
de alegría y goce:
amigos tuvo pocos,
no llegaban a doce…
¿Alimañas pedigüeñas?
Cientos de ellas, cada noche.

¿Tumbado en el ataúd?
También allí le gustaría tocarla
–algo palpitante a poder ser,
pero no la guitarra–.
Una sonrisa surge,
se le ilumina la cara…
Si el gallo un blues
al amanecer cantara…
¡hasta que no sea libre la noche,
no nos afeitaremos la barba!

Tarde de madrugada
la tormenta se avecina,
la tempestad se apodera
de la calle y la cantina.
Dos y dos son cuatro
–¡matemática divina!–,
pero si se trata de whiskys…
un coche descarrila.

Hipnotizado por el ruido
del limpiaparabrisas
su coche quedó totalmente
hecho trizas…
El temporal lo acogió
en sus brazos, quizás,
su cuerpo multiplicado
en gotas de lluvia lisas.

Aquí acabó la historia
del señor Suerte,
en su recuerdo un blues
cantaré alto y fuerte.   
Hágase su voluntad
más allá de la muerte:
haberte conocido a tiempo,
ésa fue mi suerte.

Del disco "Astirtitan" (Bonberenea ekintzak, 2014)

Noches sin gloria

 
No esperamos ser laureados,  
pero tampoco nos digan a qué
hemos de aferrarnos.
Los mendigos duermen en la calle,
indiferentes al monólogo pétreo de las estatuas:
nuestra fiesta es de carne y hueso,
nada de esperanzas fatuas.
Enterrados hasta el fondo,
–deshonrados en el fondo–,
bien sabe el olvido cuál es nuestro credo.
Si la noche es ciénaga, de nada servirá lo que haga…
Si la noche es tierna, bienvenido sea lo que venga…
Aire puro interrumpe el humo del cigarro;
aspira y suspira, con eso basta y sobra.
Ve en paz, aunque el desgaste de la jornada
nos borre la sonrisa,
y que no falte un gesto de ternura
con el que aliviar la prisa.  
A cada cual lo suyo
–¿tanto pido mientras huyo?–.
Cuánto más fácil:  
para mí lo mío y para ti lo tuyo…
Haz  que la mugre del día se deshaga
entre susurros,
desvístete despacio:
la noche tiene razón
tras todos esos muros.
Despréndete de las palabras,
deshazte de tus garras;
olvida todo ropaje,
y deja que lo que pase entre los dos,
desnudo pase.
Un espejo honesto y  sincero:
el reflejo leal
que de tus ojos espero.
Si la noche es ciénaga, de nada servirá lo que haga…
Si la noche es tierna, bienvenido sea lo que venga…

"Astirtitan" (Bonberenea ekintzak, 2014)
Escucha la canción aquí